La Kalanchoe puede vivir tanto en interior como en exterior, pero es fundamental protegerla del frío, ya que no tolera las temperaturas bajas. En interior, necesita mucha luz brillante, y en exterior, prefiere la media sombra o sol directo por la mañana. En ambos casos, debe ubicarse en un sustrato con buen drenaje y regarse solo cuando la tierra esté completamente seca.